La piel, el órgano más grande de nuestro cuerpo, cumple diversas funciones, pero tal vez la más importante de ellas sea la de ser una barrera protectora que nos aísla del medio externo y nos protege de agentes agresores de cualquier naturaleza, ya sea física, química o biológica. 

Esa función de barrera se ve comprometida en la Dermatitis Atópica, debido a que en un proceso complejo se producen alteraciones en los mecanismos defensivos que posee la piel. Además, se suman pequeños traumatismos, que hacen que se pierda esta continuidad de capa protectora y permite que puedan invadirnos ciertos micro-organismos, muchos de ellos patógenos, que encuentran un medio ideal para multiplicarse y producir enfermedad. 

Otro fenómeno interesante que vemos es que los pacientes suelen estar colonizados por bacterias como el estafilococo que empeoran la inflamación en la piel y al mismo tiempo suelen presentar menor porcentaje de “bacterias buenas”, que se dedican a regular y mantener el funcionamiento adecuado del sistema inmunológico, por lo que el uso de medicamentos probióticos tienen un rol en esta enfermedad. 

Debido a esto, es muy habitual ver infecciones en mayor porcentaje que en la población general. Principalmente bacterianas, como el impétigo, la erisipela y la celulitis, pero también por hongos, como las tiñas, parasitarias como la escabiosis y virales como los moluscos contagiosos. Todas enfermedades muy frecuentes en la población pediátrica. 

Por todos estos factores, es que se deben extremar las medidas de cuidado y prevención de infecciones en los pacientes con dermatitis atópica y consultar lo antes posible, ya que frecuentemente vemos una evolución rápida y cuadros más graves que en pacientes no atópicos. 

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