El prurito, más comúnmente llamado picazón, es el síntoma más frecuente en los pacientes con dermatitis atópica. Se trata de una sensación desagradable, que obliga a rascarse, lo cual genera inmediatamente una sensación de alivio pero que a largo plazo se transforma en un ciclo de prurito-rascado-prurito, lo que conlleva pequeños traumatismos en la piel, lo cual termina agravando la enfermedad y la picazón. 

Este síntoma puede llegar a ser tan intenso que en estudios recientes se ha demostrado que afecta tanto la calidad de vida como otras enfermedades como la psoriasis y el dolor crónico. Además, se ha demostrado que el prurito genera problemas para dormir, con un menor rendimiento escolar, mayor prevalencia de déficit atencional con síntomas de hiperactividad y alteraciones en el relacionamiento con sus pares. 

Habitualmente nos toca ver en las consultas que este síntoma va más allá del malestar interno e involucra un sufrimiento de toda la familia, la cual se ve frustrada por las consecuencias relacionadas a un descanso insuficiente y un bajo desempeño académico. 

Es por esta situación que el manejo del prurito debe ser uno de los objetivos principales en el manejo de la dermatitis atópica. Para ello, afortunadamente contamos con medicamentos sedativos que consiguen disminuir el impulso por el rascado, mientras utilizamos tratamientos tópicos que devuelven la función de barrera de la piel, minimizando así el ciclo de prurito-rascado-prurito y las lesiones en la piel producidas por el rascado. 

Algunas medidas que contribuyen y que se pueden realizar antes de la visita al dermatólogo son el uso frecuente de hidratantes tópicos con agentes antipruriginosos, mantener las uñas cortas y limpias, realizar baños cortos y con agua tibia, evitar la sudoración y preferir ambientes húmedos que no contribuyan a la resequedad de la piel. En relación a los productos de limpieza, se deben preferir los llamados “syndets”, los cuales son detergentes con un pH ácido, más parecido al pH de la piel y evitar cualquier producto cosmético sin antes preguntar al especialista si se trata de un producto adecuado para la piel atópica.

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